Elliot Fernandez
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No hi havia cap alternativa?

El mes de maig de 2010 José Luís Rodríguez Zapatero realitzà un canvi de rumb en la seva política econòmica, pressionat per la Unió Europea, el Fons Monetari Internacional, el Banc Central Europeu, els Estats Units d’Amèrica i Alemanya. El gir econòmic passava per: una reducció dràstica de la despesa social, reducció de les retribucions al personal del sector públic una mitjana del 5%, suspensió per al 2011 de la revalorització de les pensions de més de cinc milions de ciutadans, eliminació del règim transitori per a la jubilació parcial previst a la llei 40/2007, eliminació del xec-nadó de 2.500, reducció de la despesa sanitària via el fraccionament dels envasos, reducció de 600 milions d’euros a l’ajuda oficial al desenvolupament, reducció de 6.000 euros entre 2010 i 2011 de la inversió pública estatal, mesures d’estalvi per a la comunitats autònomes i ajuntaments i finalment reducció important en les ajudes per a la dependència (Font: diari Expansión 12/05/2010).

Al darrera d’aquest dur pla d’ajustament hi havia, en paraules del periodista Enric Juliana, del Directori Europeu. Espanya passava a ser un país intervingut, a l’ombra, per aquesta Troika (UE+FMI+BCE), la mateixa que intervindria directament a Grècia, Islàndia i Portugal. En el cas espanyol, la Troika no es va conformar només amb aquesta dura reducció de la despesa social sinó que va exigir més. Era necessari dur a terme un ampli paquet de reformes legals en matèria laboral.

Però aquí la qüestió a debatre és una altra: el Govern espanyol no tenia cap altre alternativa que acceptar la imposició de la Troika i dur a terme aquestes dures reformes, que lluny de posar remei a la crisi econòmica, no han fet més que agreujar-la? Són moltes les persones que des de diferents àmbits i perspectives afirmen que no era raonable acceptar aquestes imposicions perquè existien altres alternatives. És el cas de Bernard Cassen, president d’honor de ATTAC-França, que al novembre de 2010 va escriure un article en el qual donava algunes indicacions al respecte.

Cambiar las reglas de juego

En política, como en otros campos, hay problemas que no tienen solución si no se cambian las reglas del juego. Es lo que ocurre en Europa, con el financiamiento de los servicios públicos, la protección social y los sistemas de pensiones.

En mayor o menor grado, la mayoría de los Gobiernos se hallan sumergidos bajo enormes déficits públicos ampliamente imputables a las operaciones de rescate de los bancos y a los planes de reactivación con miras a dominar la crisis económica y financiera provocada… por esos mismos bancos. Salvados del desastre por el dinero público, éstos ahora quieren más. ¿Cómo?, imponiendo, en complicidad con las agencias de calificación, tipos de intereses exhorbitantes para sus préstamos a los Estados más vulnerables. Lo que profundiza aun más sus déficits públicos…

Los gobiernos europeos se plegaron a estas imposiciones implementando algo que ellos llaman “reformas”: reducción brutal de los efectivos e Incluso de los sueldos de los funcionarios; claros recortes en los presupuestos sociales; postergación de la edad mínima para la jubilación de los trabajadores. Son los mismos objetivos, que desde hace tiempo, perseguían las organizaciones patronales, los neoliberales de todos los credos y las instituciones internacionales que éstos controlan. Para ellos, la crisis constituyó un formidable pretexto para obtener prácticamente de la noche a la mañana lo que les habría sido imposible alcanzar en tiempo normal.

Y tiene aún más razones para felicitarse por el hecho de que son los propios gobiernos quienes se encargan de “vender” a la opinión pública la necesidad de dichas “reformas”. A primera vista cuesta comprender cómo, entre otros, dirigentes que se dicen socialdemócratas, como Yorgos Papandreou, José Sócrates o José Luis Rodríguez Zapatero, han podido traicionar de esa forma sus compromisos de antaño y tomar partido por los mercados contra sus propios ciudadanos y más especialmente contra sus bases electorales.

Lejos de las explicaciones psicológicas, el tema que se plantea es saber si tenían otras opciones. Es más que probable que estuvieran y sigan estando convencidos de que no era así. Y que, al precio del derrumbe de su imagen personal, “salvaron” al país de la quiebra. Al permanecer dentro de los parámetros del sistema – tratados europeos, Pacto de estabilidad, papel de cancerberos del Banco Central Europeo (BCE), reglas de la OMC, condiciones del FMI- están sin duda en lo cierto.

Ni por un segundo les vino en mente que podía haber otras reglas de juego. Por ejemplo, combinar medidas tales como la reestructura (por no hablar del rechazo) de la deuda pública, la obligación de que cada banco posea una parte de la misma, el control cambiario, gravar las rentas financieras por lo menos al mismo nivel que las rentas del trabajo, la imposición del capital y del patrimonio, la subordinación de los flujos comerciales a normas sociales y ecológicas, tasas globales, etc. Resumiendo: una redistribución radical de la riqueza y una reducción de las desigualdades que, como lo recuerda reiteradamente el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, (de quien el presidente Zapatero se declara “muy amigo”), son la causa profunda de la crisis de 2008.

Se podrá objetar que prácticamente todas estas medidas de justicia son incompatibles con las reglas de la Unión Europea y de las instituciones financieras internacionales. Es exacto. Y eso explica también el pánico de los dirigentes ante la perspectiva de dar un salto en esa terra incognita … A no ser que se acepte que se hunda en la regresión social, algún gobierno tendá necesariamente, en algún momento, que dar el primer paso. Su ejemplo será entonces más contagioso.

L'autor: Elliot Fernandez

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